jueves, 10 de febrero de 2011

Los pequeños detalles, son los que me hacen feliz.

De repente, nuestras miradas se encontraron bajo aquel agua fría y cristalina, tus ojos eran bonitos de todas formas, los mismos ojos del chico del que yo me enamoré. Me agarraste de la cintura me pegaste a tu cuerpo, salimos a por aire, y me volviste a hundir en el agua, tu mano recorrió mi espalda, y mi piel, al paso de tus dedos, se erizó. 
Me besaste, por un momento, se paró el mundo, ya no existía nada más, solo tú y yo, solo nosotros. En una milésima de segundo, supe que tú eras lo que realmente deseaba en este mundo, y no me importaba ahogarme en ese mismo momento en aquel sitio, solo, porque tú estabas conmigo.

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